En el marco del Año del Cerebro 2026, especialistas reunidos en el Instituto de Neurocirugía Dr. Alfonso Asenjo analizaron cómo las condiciones sociales, el envejecimiento, el uso de pantallas y la inteligencia artificial están planteando nuevos desafíos para la salud cerebral.
¿Cuánto de nuestra salud cerebral depende de las decisiones individuales y cuánto está determinado por las condiciones en que nacemos, crecemos y envejecemos? ¿Qué impacto están teniendo los cambios tecnológicos en nuestra manera de aprender, relacionarnos y procesar información?
Estas fueron algunas de las preguntas que marcaron el conversatorio “2026 Año del Cerebro: Reflexiones sobre el proceso salud-enfermedad cerebral”, organizado por el Instituto de Neurocirugía Dr. Alfonso Asenjo (INCA), que reunió a equipos clínicos, internos, estudiantes del área de la salud y especialistas de distintas disciplinas.
La jornada -organizada por los equipos de Dirección y del Departamento de Desarrollo e Investigación del INCA, y moderada por la Dra. Carla Escobar Araya, subdirectora (s) de Gestión Asistencial del Servicio de Salud Metropolitano Oriente– propuso ampliar la mirada sobre la salud cerebral: entenderla no solo desde la enfermedad o los factores biológicos, sino como un proceso que se construye a lo largo de la vida y en el que también intervienen las condiciones sociales, culturales y tecnológicas.
Desigualdades que comienzan mucho antes del diagnóstico
Uno de los principales ejes de la conversación fue precisamente cuánto pueden influir esas condiciones en la trayectoria de salud de una persona, incluso antes de que exista una enfermedad diagnosticada.
El Dr. José Pablo Fernández, pediatra y staff clínico del Servicio de Paciente Crítico Infantil y Neurocirugía Infantil del INCA, puso el foco en la infancia. Factores como el nivel educacional de padres y cuidadores, el acceso a áreas verdes, la actividad física y la posibilidad de crecer en entornos seguros pueden generar diferencias en las oportunidades de desarrollo desde los primeros años.
“Lamentablemente influye el lugar donde le tocó nacer a ese niño o niña, la posibilidad de interactuar, salir, jugar con sus amigos o crecer en un entorno seguro. Todos estos factores se relacionan e interactúan para potenciar el desarrollo del sistema nervioso de un niño que está en crecimiento”, señaló.
Estas desigualdades también pueden manifestarse años después, cuando las personas necesitan acceder al sistema sanitario. El Dr. Rómulo Melo, neurocirujano del INCA y jefe del Programa de Formación en Neurocirugía de la Universidad de Chile, destacó que factores sociales, culturales, económicos y educacionales pueden incidir en la oportunidad con que una persona consulta y accede a un tratamiento.
Esta mirada convive, sin embargo, con avances significativos. El Dr. Rodrigo Salinas, neurólogo y jefe del Programa de Formación en Neurología de la Universidad de Chile, destacó que durante las últimas décadas Chile ha logrado disminuir algunas brechas de conocimiento y acceso a diagnóstico y terapias.
“El hecho más notorio de los últimos 10 —y yo diría de los últimos 20 años— para las enfermedades que afectan el cerebro en Chile es el cierre de la brecha de conocimiento y de acceso”, sostuvo, relevando el aporte de políticas como el GES y la Ley Ricarte Soto.
Para el Dr. Melo, ese progreso no elimina uno de los desafíos pendientes: la oportunidad de acceso.
“Si bien la calidad de la atención que podemos ofrecer a los pacientes es, en general, bastante buena, la oportunidad para acceder a los diferentes tratamientos presenta todavía una brecha en nuestra sociedad. Ese es un punto que indudablemente debemos mejorar”, afirmó.
Así, el debate permitió distinguir dos miradas de una misma trayectoria: las condiciones que pueden favorecer o deteriorar la salud cerebral desde etapas tempranas y la capacidad del sistema sanitario de responder cuando una persona requiere diagnóstico y tratamiento.
Vivir más años también obliga a preguntarnos cómo envejecemos
Esta mirada a lo largo del curso de vida cobra especial relevancia en un país envejecido.
La Dra. Andrea Slachevsky, neuróloga, doctora en Neurociencias y directora del Centro de Memoria y Neuropsiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, planteó que una mayor esperanza de vida no necesariamente significa envejecer con una mejor salud cerebral.
“La esperanza de vida en Chile es una de las más altas, si no la más alta de Latinoamérica, pero estamos envejeciendo no en las mejores condiciones (…). Si queremos ser una sociedad que envejezcamos mejor, con mejor salud cerebral, es fundamental entender que eso no depende solamente de la buena voluntad de las personas”, enfatizó.
En este punto, la discusión volvió sobre una de las ideas centrales del encuentro: hábitos como realizar actividad física, mantener vínculos sociales o acceder oportunamente a controles son importantes, pero la posibilidad real de incorporarlos también está condicionada por el entorno.
“Los factores de prevención son factores también determinados por componentes sociales”, agregó la Dra. Slachevsky.
De esta manera, hablar de prevención en salud cerebral implica no solo orientar conductas individuales, sino preguntarse por las condiciones que permiten —o dificultan— llevarlas a la práctica.
Tecnología e inteligencia artificial: nuevas herramientas, nuevas preguntas
A esas transformaciones sociales y demográficas se suma hoy una dimensión distinta: la tecnológica.
El uso cotidiano de pantallas y la rápida incorporación de herramientas de inteligencia artificial han abierto preguntas sobre sus efectos en el aprendizaje, la atención, las relaciones sociales y la manera en que procesamos información.
El Dr. Fernández sostuvo que la inteligencia artificial debe entenderse como una herramienta de apoyo y no como un reemplazo de capacidades fundamentales.
“Es una herramienta que se quedó (…) y hay que aprender a utilizarla de forma sana; que sea una herramienta más dentro del trabajo y no que haga todo el trabajo. Que no nos quite el rol de pensar, de interactuar, de estudiar”, señaló.
El Dr. Salinas, en tanto, puso énfasis en la educación sobre su utilización, particularmente entre niños y adolescentes, y en evitar que un uso excesivo de dispositivos termine desplazando experiencias relevantes para el desarrollo, como la interacción con otras personas.
Desde la práctica clínica, el Dr. Melo incorporó otra dimensión al debate: aquello que la tecnología puede apoyar, pero no reemplazar.
“La inteligencia artificial es una herramienta muy útil, pero jamás va a reemplazar la relación entre dos seres humanos: uno que está enfermo y otro que tiene el conocimiento para poder ayudarlo, pero que también es un ser humano”, afirmó.
Para el especialista, el desafío tecnológico debe abordarse sin perder de vista una atención centrada en las personas: “Hoy tenemos mucha tecnología, que sin duda es una ayuda, pero no debemos olvidar que todo el equipo de salud está no solo para tratar, sino también para acompañar a nuestros pacientes. La medicina debe ser y continuar siendo personalizada”.
Una discusión que comienza antes de la enfermedad
Desde la infancia hasta el envejecimiento, y desde las desigualdades sociales hasta la irrupción de nuevas tecnologías, el conversatorio permitió abordar la salud cerebral como una trayectoria que comienza mucho antes de un diagnóstico y que no puede explicarse únicamente a partir de decisiones individuales.
Al mismo tiempo, la conversación mostró que los avances médicos y tecnológicos amplían las posibilidades de prevención, diagnóstico y tratamiento, pero plantean nuevos desafíos sobre acceso, oportunidad, educación y la manera en que estas herramientas deben incorporarse sin perder la dimensión humana de la atención.
En el marco del Año del Cerebro 2026, el encuentro buscó contribuir desde el INCA a una discusión que excede el ámbito estrictamente clínico: qué condiciones necesita una sociedad para proteger la salud cerebral de su población y cómo deben responder el sistema sanitario, las políticas públicas, las comunidades y las propias personas frente a los cambios que ya están ocurriendo.
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